miércoles, 2 de junio de 2010

Rufus Wainwright - All Days Are Nights: Song For Lulu


Género: Pop
Año de publicación: 2010
Idioma: inglés/francés
Calidad: 160 kbp/s

01. Who Are You New York?
02. So Sad With What I Have
03. Martha
04. Gime Me What I Want And Give It To Me Now
05.True Loves
06.When Most I Wink
07. A Woman's Face
08. Shame
09. The Dream
10. What Would I Ever Do With A Rose
11. Les Feux D'Artifice T'Appellent
12. Zebulon

MGMT - Congratulations


Género: electrónica
Año de publicación: 2010
Idioma: inglés
Calidad: 320 kbp/s

01. It's Working
02. Song For Dan Treacy
03. Someone's Missing
04. Flash Delirium
05. I Found A Whistle
06. Siberian Breaks
07. Brian Eno
08. Lady Dada's Nightmare
09. Congratulation

Feist - Monarch(Lay Your Jeweled Head Down)


Género: pop
Año de publicación: 1999
Idioma: inglés
Calidad: 160 kbp/s

01. Family
02. Onliest
03. La Sirena
04. One Year A.D.
05. Monarch
06. That's What I Say, Not What I Mean
07. Flight #303
08. Still True
09. The Mast
10. New Torch

martes, 11 de mayo de 2010

¿Bueno, y qué vas a hacer este verano?...

...si me lo preguntan otra vez, la opción "Emular a Michael Pitt con un stick de golf" empezará a encenderse como un cartel de neón. No se olviden de la importancia de la diversión:

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mala sangre: relato extraído de Trainspotting de Irvine Welsh


Los Proclaimers con dos hooligans después de la fiesta del sábado


Uno de los mejores relatos que he leído ultimamente, junto con algo de Bolaño y los clásicos de siempre. Trainspotting es una novela coral, en la que el personaje con más protagonismo, Renton, es el que desarrolla una historia con planteamiento y desenlace muy similares a los de la adaptación de Danny Boyle. En el nudo del libro es donde estriba al gran diferencia con respecto a su cándida versión del celuloide. En una balanza imaginaría de sordidez, la película es un peso pluma y la novela Muhammed Alí. Existen varios relatos desconectados de la trama principal y sus personajes, o de ellos mismos en situaciones que no afectan directamente al desarrollo, y que en principio solo sirven para contornear de forma más eficiente el Edimburgo más yonqui. Pero fue este relato el que más me llamó la atención desde el tercer párrafo, quizás por colmar a un tiempo mis expectativas de sadismo y justicia poética:

"Conocí a Alan Venters a través del grupo de autoayuda VIH y Positivos, aunque él no perteneció al grupo mucho tiempo. Venters no se cuidaba demasiado bien, y pronto desarrolló una de las muchas infecciones oportunistas a las que somos proclives. Siempre encontré divertido el término «infección oportunista». En nuestra cultura, parece evocar alguna cualidad admirable. Pienso en el «oportunismo» del empresario que localiza un hueco en el mercado, o la del delantero en el área de penalti. Unas mierdas muy tramposas, esas infecciones oportunistas.
Los miembros del grupo estábamos más o menos en las mismas condiciones médicas. Todos teníamos anticuerpos del sida, pero la mayoría no presentábamos síntomas. La paranoia nunca andaba muy lejos de la superficie durante nuestras reuniones; todo el mundo parecía estar investigando furtivamente las glándulas linfáticas de los demás para detectar señales de hinchazón. Era desconcertante sentir cómo se desplazaban los ojos de la gente a un lado de tu cara durante una conversación.

Este tipo de comportamiento incrementaba el sentido de irrealidad que pendía sobre mí en aquel momento. Realmente no podía concebir lo que me había pasado. Al principio los resultados de la prueba me parecían sencillamente increíbles, tan incongruentes con lo sano que yo me sentía y aparentaba estar. Una parte de mí seguía convencida de que tenía que haber algún error, a pesar de haberme hecho la prueba tres veces. Mi autoengaño debería haberse hecho añicos cuando Donna se negó a verme, pero siempre siguió aferrándose a mí en el fondo con macabra resolución. Siempre parece que creemos lo que queremos creer.

Dejé de ir a las reuniones del grupo después de que metieran a Alan Venters en la unidad de terminales. Me deprimía sin más y, de todos modos, quería pasar el tiempo visitándole. Tom, mi encargado y uno de los consejeros del grupo, aceptó a regañadientes mi decisión.
«Mira, Dave, pienso que el que vayas a ver a Alan al hospital es estupendo; para él. Sin embargo, estoy más preocupado por ti en este momento. Estás muy bien de salud, y el propósito del grupo es animarnos a vivir al máximo. No dejamos de vivir sólo porque seamos seropositivos...»
Pobre Tom. Su primer traspié del día. «¿Ha sido ése el "nos" mayestático, Tom? Cuando seas seropositivo, no dejes de contármelo todo.»

Las sanas y rosadas mejillas de Tom se ruborizaron. No podía remediarlo. Años de práctica en habilidades interpersonales intensivas le habían enseñado a ocultar las pistas visuales y verbales producto de los nervios. Nada de contacto visual vacilante o voz temblorosa frente a una situación embarazosa. El viejo Tom, no. Por desgracia, Tom no puede hacer nada en lo referente al tizne rojizo que le sube por los laterales de la cara en tales ocasiones.

«Lo siento», se disculpó Tom de forma escueta. Tenía derecho a cometer errores. Siempre decía que la gente tiene ese derecho. Intenta contárselo a mi sistema inmunológico averiado.
«Simplemente me preocupa que escojas pasar tu tiempo con Alan. Ver cómo se descompone no es bueno para ti, y, además, Alan no era precisamente el miembro más positivo del grupo.»
«Desde luego era el más seropositivo.»

Tom decidió ignorar mi observación. Tenía derecho a no responder al comportamiento negativo de otros. Todos teníamos ese derecho, nos había dicho. Tom me gustaba; el suyo era un camino solitario, tratando siempre de ser positivo. Yo pensaba que mi empleo, que suponía ver cómo el cruel bisturí de Howison abría cuerpos inertes, era deprimente y alienante. Es un auténtico picnic sin embargo, comparado con ver cómo descuajaringan las almas. Eso es lo que Tom tenía que aguantar en las reuniones del grupo.

La mayoría de los miembros de VIH y Positivos eran drogotas intravenosos. Pillaron el virus en los chutódromos que habían florecido en la ciudad a mediados de los ochenta, después de que cerraran los suministros quirúrgicos de Bread Street. Eso detuvo el flujo de agujas y jeringuillas nuevas. Después de eso, el rollo fueron las grandes agujas comunitarias y todos a compartirlas por igual. Tengo un colega llamado Tommy que empezó a meterse caballo yendo por ahí con unos tíos de Leith. Conozco a uno de ellos, un tío llamado Mark Renton, con el que trabajé hace muchísimo, en mis días de aprendiz. Tiene ironía que Mark haya estado chutándose caballo durante años, y aún, por lo que yo sé, no está infectado por el virus, en tanto que yo jamás he tocado ese tema en mi vida. Había, sin embargo, suficientes picotas presentes en el grupo como para hacerle caer a uno en que podría ser la excepción y no la regla.

Las reuniones del grupo eran un asunto tenso por lo general. Los yonquis no podían ver a los dos homosexuales del grupo. Creían que el virus había llegado a la comunidad de drogotas de la ciudad a través de un casero maricón, que se follaba a sus inquilinos yonquis cuando tenían el monazo a cambio de perdonarles parte del alquiler. Yo y dos mujeres, una de ellas la compañera no picota de un adicto al jaco, no podíamos ver a nadie puesto que no éramos ni homosexuales ni yonquis. Al principio yo, como todos los demás, creía que había sido «inocentemente» contagiado.

Era con mucho demasiado fácil echar la culpa a los picotas o los maricones en aquel entonces. Sin embargo, había visto los pósters y leído los folletos. Recuerdo que en la época punk los Sex Pistols decían «nadie es inocente». Muy cierto. Lo que hay que añadir, sin embargo, es que algunos son más culpables que otros. Lo que me lleva de vuelta a Venters.

Le di una oportunidad; una oportunidad de mostrarse arrepentido. Era un poco más de lo que el hijoputa se merecía. En una sesión del grupo, conté la primera de varias mentiras, la pista de las cuales me llevaría a hacer mella en el alma de Alan Venters. [...]"



Relato completo aquí

martes, 4 de mayo de 2010

The Black Keys - Attack & Release


Genero: Rock/blues
Año de publicación: 2008
Idioma: inglés
Calidad: VBR

01. All You Ever Wanted
02. I Got Mine
03. Strange Times
04. Psychotic Girl
05. Lies
06. Remember When (Side A)
07. Remember When (Side B)
08. Same Old Thing
09. So He Won't Break
10. Oceans And Streams
11. Things Ain't Like They Used To Be

domingo, 2 de mayo de 2010

Interpol, nuevo disco para finales de año y un single gratis:











Interpol vuelven a la carga con “Lights”, una nueva canción que han puesto a disposición de todos sus fans totalmente gratis en Interpolnyc.com. y que formará parte de su cuarto disco. Según la banda, en los siguientes meses seguirán avanzando más canciones en su web. La continuación de“Our Love To Admire” (2007) ha sido grabada entre Londres y Nueva York, con numerosos arreglos orquéstales, y en teoría estará disponible para salir a las tiendas a finales de este 2010.(fuente: mondosonoro.com)


Orquestal...

...Bueno, a estas alturas nadie se espera otro Antics.

El proceso de descarga es algo tostón, así que dejo la opción dominguera a mano:

domingo, 25 de abril de 2010

Eagles Of Death Metal - Death By Sexy



Género: Metal
Año de publicación: 2006
Idioma: inglés
Calidad: 320 kbp/s


01. I Want You So Hard (Boy's Bad News)
02. I Got A Feeling (Just Nineteen)
03. Cherry Cola
04. I Like To Move In The Night
05. Solid Gold
06. Don't Speak (I Came To Make A Bang!)
07. Keep Your Head Up
08. The Ballad Of Queen Bee And Baby Duck
09. Poor Doggie 10. Chase The Devil
11. Eagles Goth
12. Shasta Beast
13. Bag O' Miracles

The Black Keys - Brothers


Género: Blues/Rock
Año de publicación: 2010
Idioma: inglés
Calidad: 320 kbp/s

01. Everlasting Light
02. Next Girl
03. Tighten Up
04. Howlin' For You
05. She's Long Gone
06. Black Mud
07. The Only One
08. Too Afraid To Love You
09. Ten Cent Pistol
10. Sinister Kid
11. The Go Getter
12. I'm Not The One
13. Unknown Brother
14. Never Give You Up
15. These Days

sábado, 24 de abril de 2010

Sábado noche



Un vehículo desmesuradamente grande, la ventanilla abierta, y algo así sonando a toda pastilla. Me gusta la primavera cuando las expectativas son tan singulares. Quizás hoy también.

lunes, 12 de abril de 2010

En el lugar del padre

"Jess soltó un resoplido.

- Pero no creo que sea un mal hombre.
- Gracias.
-Somos de una pandilla-dijo Jess-.¿No es cierto, Martin?
-Si, es cierto, Jess-dije, confiando en que mi tono diera a entender a su padre mi cansina falta de entuasiasmo. Somos amigos para siempre.

-¿Qué tipo de pandilla?-dijo Crichton
-Vamos a cuidarnos unos a otros-¿No es cierto, Martin?
-Si, Jess.-Si mis palabras se volvieran un poquito más hastiadas, carecerían ya de fuerza para subir por mi garganta y asomarme por la boca. Las imaginaba incluso dándose la vuelta y retornando al lugar de donde procedían.

- ¿Así que va a estar in loco parentis, a fin de cuentas?-dijo Crichton.
- No estoy seguro de que sea ese tipo de pandilla-dije yo-. La pandilla loco parentis...No suena muy dura, ¿no? ¿Y qué vamos a hacer? ¿Apalear a los paterfamilias?

- Cállate la puta boca y cállate la puta boca-nos dijo Jess a Crichton y a mí respectivamente. "

domingo, 11 de abril de 2010

The Baseballs - Strike


Genero: Rock 'N Roll
Año de publicación: 2009
Idioma: inglés
Calidad: 192 kbp/s

01. Umbrella
02. Love In This Club
03. Hey There Delilah
04. Bleeding Love
05. Hot 'N Cold
06. I Don't Feel Like Dancin'
07. Don't Cha
08. Let's Get Loud
09. Angel
10. Crazy In Love
11. This Love
12. The Look

jueves, 8 de abril de 2010

Sobre lo que te asusta


Roberto Bolaño era un hombre descuidado a la hora de titular sus obras. O quizá sea un completo desconsiderado hacia sus lectores. Hacia su lector, o lo que en este caso es lo mismo, hacia mí. Con esto no me refiero a que sus títulos no sean de mi gusto, sino a que me han puesto en una situación incómoda. Trataré de explicarme.

Imagínate que eres una señora de cincuenta años que se dispone a coger el tren que te llevará al más maloliente (pero ahorrativo) supermercado. Como diría aquel, de Corín Tellado nunca has pasado. Es temprano, y el vagón está casi lleno, por lo que decides sentarte enfrente de un chico(o una chica, no sabrías precisarlo con exactitud) que parece bastante tranquilo y que, al ver tus intenciones, se encoge ligeramente en su asiento para que puedas sentar tu ubicuo culo con toda su rotundidad.

Piensas, mientras observas de reojo, que el chico podría pasar por un peluquero. Aunque lleva el pelo parcialmente húmedo, puedes ver que no se preocupa demasiado por el, y que le oculta ambos lados de la cara, lo que conduce tu mirada un poco más abajo mientras esbozas un gesto crítico con la boca. De pronto, te das cuenta de que el chico te mira de una forma que te resulta incómoda. Quizás sea porque el libro que sujeta con las dos manos solo te deja ver sus ojos y la expresión que los rodea, de sueño mezclado con un interés desapasionado. Aunque están bastante fijos para una hora tan temprana. A esas horas, la mayoría de los viajeros ojean algún periódico gratuito o dormitan acurrucados en sus asientos. Solo entonces, molesta por la mirada del chico, te das cuenta. La portada del libro, que muestra una fotografía enmarcada de tonos morados de unas piernas de mujer alta, vestida con pantalones de cuero, jersey, cinturón ancho,pantalones de cuero y botas, tiene un título bastante perturbador: Putas asesinas.

El chico deja de ser amable, su pelo es señal de psicopatías, su mirada es la de un loco insomne. Ahora puedes verlo claramente, aún entre las legañas. Con cierta rapidez, alzas la cabeza, como si de repente las barras de sujeción fueran un descubrimiento clave para el desarrollo del ser humano, y merecieran ser objeto de meditación intensa. Te bajas en tu parada, y el chico vuelve a encogerse para que pases. Suspiras al bajar al andén, en parte por el esfuerzo que le supone a tu gigantesco culo bascular en el escalón, pero sobre todo por alivio. Putas asesinas, dice. Y que más... ¿Zorras en escabeche? Anda que...

Quizás debería crear otro grupo en Facebook sobre el tema. "Señoras que se acojonan cuando ven un libro malhablado y se van de compras" o algo así. Cosas veredes: tengo que cambiar el diseño de esta ratonera. Hacerlo más serio, menos gráfico y más periodístico. Aunque nunca me puedo resistir a la saturación chillona de algunos colores. Supongo que tengo que agradecer haber cambiado brutalmente mis referencias desde hace seis meses. Otro detalle: dos hermanas pueden tener una forma de hablar parecida, y decir “Hasta luego” exactamente igual. Ah, y puede que al final, solo un poco, me guste la primavera y Bolaño. Con su luz, con su sordidez y afición por la muerte de poetas segundones. Quién sabe. Como decía hace un rato…Es interés, riesgo y timidez.

martes, 6 de abril de 2010

Sobre ti, la gente y el talento

Estoy preocupado. Un pensamiento acaba de cruzar mi cabeza entre dos miradas al correo y una a la red social de turno. Puede que a ti no te parezca una idea como para tomarse una tacita de cicuta, pero para mí, ahora que después de una línea la empiezo a considerar en frío, me pone los pelos de punta. Miento. Siempre están de punta, aquí, allá, a dos metros de mi cuero cabelludo, donde sea. Suelo contestar, cuando hacen referencia a ellos, que reflejan el atormentado caos que habita mi cabeza. Hoy debo sentirme reflexivo, porque esa respuesta me parece una de las mayores idioteces que he oído en bastante tiempo. La pura verdad es que no tienen remedio. Su comportamiento físico es el mismo que el de una planta de plástico: puedes intentar aplastarla o dominarla cuanto quieras, pero en última instancia el pelo volverá a su forma original lenta pero ineludiblemente, siguiendo lo que le dicte la naturaleza o el peluquero sociópata de turno. Hay gustos para todos. Si cuando hablas conmigo intento colocármelo, ten por seguro que es un tic nervioso. Si, tú me estás poniendo nervioso. Porque sé perfectamente que el puto pelo hará lo que le venga en gana. Espera. Creo que divago. Y no me creo lo que decía aquel amigo de Raskólnikov sobre la verdad extraída de la divagación.

La mentira, no tengo ni idea de dónde ha salido una idea tan espontánea. Normalmente las frases brillantes (léase con un mínimo espíritu ingenioso) vienen dadas después de una larga y patosa reflexión. Los días que duermo, claro. Puede que sea por el final de las vacaciones y la perspectiva de estudiar hasta que el sol me queme la garganta en junio para evitar desastres que se unirían a una larga lista de situaciones imposibles de ignorar. La verdad, no me apetece. Pero la segunda opción es aún menos apetecible, y quiero llegar un día de estos a la imagen que proyecté de mi mismo cuando tenía unos diez años menos. Probablemente eso es algo que le pase a mucha gente: estar condenados por las expectativas de gloria y fama de un crío de once años que cree que el mundo es como una novela de Alejandro Dumas, y se empeña en convertir cada momento de su vida en una penosa pretensión de lograr un instante digno de una película manufacturada de Hollywood: música orquestal en un momento de crescendo y una gran bandada de manos rodeándole, victorioso, porque él es El Ganador.

En momentos así, hubiera preferido tener las expectativas de un niño normal: ser como Raúl, Ronaldo o Beckham y marcar goles con la selección, además de cobrar millones y jugar en “el mejor equipo del mundo”: así, a estas alturas ya sabría que mis deseos son inalcanzables y y que nunca tendré lo necesario para ser como ellos(ídolos de papel con problemas léxicos, montones de dinero y un gusto por lo general hortera). Desgraciadamente, yo me marqué otros objetivos.


Diane Arbus, Niño exasperado con una granada de mano de juguete

En este punto es cuando debería empezar a contar los sueños e ilusiones de ese crío cabezón con problemas de comunicación con cualquier otro ser humano, del origen de tantos silencios y traumas, de mis padres o de aquel tío que murió de varicela (si, que cosas) cuando yo todavía era pequeño. Pero acabo de notar que divago de nuevo. Y no tengo ganas de hacer un inciso con un final romántico que tanto se estilan por estos lares. “Si solo pudiera hablarle... Decirle cual es la verdad” o “Si pudiera ser otra vez pequeño” o De pequeño me enseñaron a querer ser mayor, de mayor quiero aprender a ser pequeño. No. La realidad es bien distinta, y supongo que no soy del tipo que mira hacia atrás con nostalgia. O en realidad sí, lo que pasa es que mi infancia varía según con quién esté hablando. Normalmente es nostalgia pesimista. Y a quién le importa. Algo sí que puedo decirte: a mi edad, el disco que mejor te comprende es Grace, de Jeff Buckley. Pero siempre aprenderás más del Blonde on Blonde de Dylan.

Vaya. Acabo de recordarme a alguien. ¿Puedo recordarme a alguien a quien ni siquiera conozco? Debe haber sido por ver semejante referencia escrita. Verás, es que acabo de terminar una novela pop. Si, eso es lo que dice una de las referencias de la contraportada. Yo no soy pop, ni quiero serlo, ni suelo leer a autores pop. Lo identifico con novelas ligeras plagadas reflexiones salidas de un tubo de cerveza pasado por una noche de domingo después de cuatro aspirinas y dos cafés de compleja elaboración, llenos de elaboradas descripciones estéticas, personajes contraculturales de frases chispeantes y capacidad hormonal ilimitada. De hecho, no lo identifico.
Es lo que me viene a la mente ahora, intentando dilucidar que es una novela pop. ¿Ves? Por eso odio las etiquetas generales. Al final, es una historia, no un cúmulo de características apiladas en dos columnas que ojeas en tu dominical mientras tratas desesperadamente de convertirte en alguien interesante. No te preocupes, siempre puedes comprarte una de esas gafas con cristales planos. A la masa le parecerás más sofisticado, solo los detallistas te tomaran por gilipollas. Pero no te preocupes, no es que sean mayoría.

El libro me ha gustado, para que engañarte. Lo escogí del montón de la biblioteca porque había leído un pequeño extracto de otra novela del mismo autor, y tenté mi suerte. A priori, el argumento no entraba dentro de los temas que me suelen resultar atractivos: treintañero rompe con su novia y reflexiona sobre su vida mientras elabora listas demenciales para ocasiones improbables y mientras, conoce a otras y se deprime ante la diferencia entre su vida y lo que parece ser el resto del mundo.

Puede que esa reflexión haya surgido de la forma de pensar del protagonista (llamémosle Rob, porque se llama Rob). Verás, es un tipo que parece haber pausado su modo de pensar diez años antes, cuando no tenía entradas y las chupas de cuero le daban un aspecto muy varonil en vez de marcarle panza. Piensa como un veintañero, se viste como uno, y tiene el negocio que a algunos les gustaría tener a esa edad: una tienda de vinilos. El problema es que tiene treinta y seis años, y mientras la gente se casa, tiene hijos y gasta más dinero del razonable en ropa; el sigue confeccionando cintas para gente especial que acaba de conocer y dedica su tiempo a reordenar su colección de música. Aunque tiene un sempiterno sentido de la ironía y algunas reflexiones bastante lúcidas y divertidas dentro de su inmadura cabecita, lo que le da un toque encantador.

No te cuento más, solo que deberías leerla. No te digo el título, ni su autor. Si realmente te interesa, pregúntamelo. Estaré encantado de jugar con ventaja un rato y poder reírme. Aunque supongo que la literatura es peor baza que el rendimiento sexual de esa hipnótica chica que bailaba en la discoteca a las cinco de la mañana, el sábado pasado.

Me aterroriza la idea de que en la vida una persona pueda terminar de entender a otra. Y también me asusta, muchísimo más, la idea inversa: ser translúcido. Pero lo que realmente me asusta, y eso quería decirte al principio, es la idea de que tu talento solo puede medirse en función de la gente que te rodea. Y esa, chico, es una idea de lo más deprimente. Aunque a Rob, al final, parece ayudarle.

De todas formas, no te preocupes. Por lo que a mí respecta, pienso seguir viviendo dentro de una canción por algún tiempo. Pero supongo que a estas alturas he asumido que, aún viviendo en otro mundo, tengo que caminar por este.

Espero escribir más. Pero no garantizo nada. Yo no me concedería un préstamo, la verdad. No puedes esperar nada bueno de un tipo que empieza con sus propósitos de año nuevo a principios de Abril. Y pienso devolver la novela corta de Roberto Bolaño y coger alguna de sus obras más representativas. Entonces veremos su puedo razonar la injustificada manía que le tengo. Ya hablaremos sobre el tema. Otro día, otro mes, otro siglo.