miércoles, 27 de mayo de 2009

No se motoricen, por favor

— Perdona, pero ese es mi asiento.

Joder con la señorita. Si, Señora, a mandar. Que solo soy un pobre estudiante sin un duro en el bolsillo. Literal, no tengo dinero ni para volver a mí casa en tren desde la estación. Como aquí mi compadre no coja el teléfono pronto, me puedo dar por jodido. Y encima esto. ¿Qué más te dará, bruja caprichosa?

Me muevo con mi mejor expresión de inocencia. Lo siento, una pequeña confusión sin importancia. Ese tipo de jeta me sale sin mucho esfuerzo, la aprendí de los niños. “¿Quién ha roto el jarrón de Sevres? “o “¿Has pegado a tu hermanita?” y listo. La cara de no haber roto un plato se compone de forma automática en un proceso de relajación facial sin muchas complicaciones adicionales.

Total, que le cedo el sitio que da a la ventana. Ya estarás contenta, mala pécora. Tendría un pase si por lo menos fuera atractiva, pero su rostro es el vivo reflejo de aquella frase que le soltaba a bocajarro Al Pacino a Michelle Pfeiffer en Scarface: “Parece que no te han follado bien en un año”.

En fin. Procura relajarte, el viaje es largo y a nadie de los que están subidos a este trasto infernal le conviene que tengas una crisis nerviosa con inclinaciones al asesinato. Pon algo de Leonard directo en tus oídos. Estira las piernas. No pienses en el cigarrillo que está en tu bolsillo y no en tu boca encendido. He hecho un descubrimiento fascinante en mis últimos viajes en autobús: pensar en fumar da ganas de fumar.

La pantalla que tengo un par de filas de asientos delante se enciende con un pequeño zumbido. Antes de seguir relatando, me gustaría exponerles una teoría que he formulado sobre los conductores de autobús. Respeto en gran medida su oficio, ya sabéis, llevar a un puñado de subnormales de un lado para otro durante horas y horas es muy sacrificado. Pero creo que en secreto forman una sociedad cinéfila. Porque sino, ¿cómo se explica que en cada viaje que he hecho me haya tenido que tragar una auténtica basura donde la actriz de mayor caché que llegué a vislumbrar era Sandra Bullock?

En realidad, les encanta el cine y todo lo que tenga que ver con él. Kubrick, Kurosawa, Coppola. Cine de autor, intelectual y magistral. Puro arte. Pero no pueden permitirse el lujo de distraerse al volante y entretener a los pasajeros a la vez, así que te ponen algo de Paco Martínez Soria o su equivalente inglés y su atención se propulsa hacia el volante de forma inmediata. Es lo que tienen.

Total, que subo el volumen del emepetres intentando ignorar lo que sucede en la pequeña pantalla, pero de pronto la voz de Leonard se apaga sin previo aviso, sin orden anterior. Mierda. Es lo que tiene olvidar recargar este trasto, que la batería puede llegar a acabarse en algún momento. Bien, parece que la hora de mi condena por fin ha llegado: retiro los auriculares de mis oídos con displicencia, justo a tiempo de ver como en la pantalla un tipo sin pantalones corre calle abajo con un contrabajo a cuestas. Genial. Género bufo.

Me despierto bruscamente. Deben haber pasado unas cuantas horas, se ha hecho de noche y el vehículo está casi completamente a oscuras. Solo unos pocos pasajeros han encendido las luces que hay encima de ellos, para poder leer. De todas formas, parece que no soy el único que ha caído inconsciente: mi vecina, la del gesto de asco permanente, está apoyada con placidez en mi hombro. Mírala, tan muchachote ella y tan adorable y fea ahora. En fin. Mientras no me dejes babas en la camisa, bonita.

Suspiro por enésima vez en el viaje. Pero esta vez alguien me acompaña. La chica del asiento situado delante de mí también lo ha hecho, y de forma algo diferente. No era un suspiro de hastío. Era otra cosa que ha traído a mi mente recuerdos de una noche no demasiado lejana. Pero me parece tan ridículo que intento apartarlo de mi cabeza. Aún así, afino el oído.

Si, ahí está otra vez, y ahora no hay ninguna duda, es un suspiro de placer. Miro sorprendido al respaldo del asiento delantero, apartando suavemente a mi compañera de viaje de mi hombro. Se gira con un gruñido. En ese momento, me doy cuenta de un pequeño detalle. El espejo retrovisor que hay al lado de la puerta trasera del autobús, ese que nadie sabe para qué sirve, enfoca de forma directa a la exhaladora.

Es difícil distinguir bien las partes del cuerpo, pero es indudable que hay un movimiento continuo en uno de los lados. Procuro esforzarme. Al cabo de un momento, consigo distinguir unos vaqueros con la cremallera bajada y una mano metida en ellos que no para de agitarse rítmicamente. La otra mano parece descansar en el pecho, aunque de vez en cuando se mueve para acariciar.

Apenas puedo creerlo. Esto está lleno de gente medio dormida, y cualquiera que se despertara un poco podría verla en pleno proceso. Como yo.

La cosa empieza a ponerse tensa, sus suspiros han pasado a ser pequeños gemidos y el movimiento rítmico ha pasado a su fase más frenética. Su otra mano no para de palpar mientras ladea la cabeza de vez en cuando. Solo puedo ver sus labios, que se muerde con impaciencia. Parece que algo va mal, porque ahora el movimiento es histérico y desacompasado. Su labio inferior ha desaparecido bajo sus incisivos, aunque puedo apreciar el gesto de descontento que compone.

Para brusca, casi sin aliento. Venga ya, no irás a parar ahora. Si casi puedo ver las gotas de sudor que recorren tu pecho. Puedo olerte desde aquí atrás, ¿sabes?

Se levanta despacio, subiéndose un poco los pantalones y colocándose la camiseta de tirantes. Se recoge el pelo y le echo un vistazo antes de hacerme el dormido. Joder, es incréible. Muy atractiva. Pelirroja, ojos verdes y mirada felina.

Cuando decido volver a mi estado comatoso para decidir luego si lo que acabo de ver ha sido un sueño o no, la oigo moverse, y no puedo resistir la tentación de echar una pequeña ojeada. Ha cogido el retrovisor, ajustándolo para de forma que ahora lo único que veo es su cara. Cierro los ojos rápido, pero sé que me ha visto. Cuando vuelvo a atreverme a abrirlos, ella sigue mirándome.

— ¿Me ayudas a terminar lo que he empezado? No puedo dormir de otra forma.

¿Saben qué? No tengan en cuenta nada de lo que les he dicho antes. Adoro viajar en autobús.

1 comentario:

Rosalie dijo...

Y a mí me encanta que hayas vuelto de esta forma. Muy bueno, Sturm.

Besos ;). Y a seguir así.